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Testimonio de un migrante PDF Imprimir E-Mail

Mi nombre es José Mauricio. Soy salvadoreño. O guanaco como nos dicen. Mi aventura comenzó el día viernes 18 de julio del 2006. Salí a las 8 a.m. de El Salvador hacia Guatemala. Con dos bolsillos, llevaba solo 35 dólares. Eso solo me alcanzó para llegar a la frontera Guatemala con México.

Al entrar a México no contaba con ningún peso. Venía pidiendo comida día tras día, pueblo tras pueblo que encontraba al paso. Y como siempre Dios me bendecía. Gracias a él no fuimos asaltados, ni maltratados por otras personas o autoridades. Por lo tanto, muchos sí, son victimas de eso.

En mi recorrido hice doce días de Ciudad Hidalgo a Arriaga. Solo caminando por toda la vía del tren. Solo contaba con una mudada de ropa, la cual pasaba lavar cada dos o tres días a los ríos. Durmiendo en las calles de cada pueblo, muchas veces en casas abandonadas, hasta en el monte.

Con tal de ir avanzando día con día, y así me esforcé tanto para llegar a donde sale el tren. Más no sabía lo que me esperaba. Llegué el 29 de julio a tomar el tren en la tarde. Más el tren no salió ese día. Salió el día siguiente a las doce del mediodía. Y no más recorrió como de 25 a 30 kilómetros, cuando me pasó el accidente. Un movimiento que me hizo caer.

Yo iba a la orilla de la superficie en medio de los dos vagones. Cuando yo lo sentía, ya no me pude agarrar y caí en medio de las dos llantas de acero. Y pasó en cima de mi delgado cuerpo. Como llegue allí no lo sé.

Pasaron varios vagones arriba de mi, y Dios no permitió que otra cosa pasara. O me cortara los brazos, las piernas, si no tan solo fuera el pie derecho. Bendito sea Dios, que gracias a él, puedo darles este relato de mi afán de hacer realidad el sueño americano.”